Al rico helado de tutti frutti y dos huevos duros

La persona que quiera encontrar una base lógica a esta sociedad donde vivimos, nunca entenderá ni le encontrará la gracia a las películas de los hermanos Marx. No me acuerdo en que película Woody Allen dice: intento ver al menos “Cantando bajo la lluvia” una vez al mes para mantenerme de buen humor, a mi me pasa lo mismo con “Una noche en la ópera” y “Un día en las carreras”, no me cansaré nunca de ver los gags del timo en el hipódromo y el famoso camarote dónde entran hasta 15 personas, Groucho le dice a la guapísima chica de la manicura que le deje las uñas cortas porque cada vez queda menos sitio.

 

La figura es de Andrea Miniatures Ref. SG-F091, se compone de 13 pieza en metal, listado de colores y gafas en fotograbado, detalle importante en una figura como esta, de todas las poses que pude tener Groucho, han elegido su característica forma de andar, dando grandes zancadas con una mano en la espalda. La pintura es sencilla, destacar que lo más importantes es pintar bien el bigote, porque en verdad Groucho llevaba el bigote pintado, no era un bigote de verdad, Groucho cuenta que en una crisis financiera, perdió todo sus ahorros que los tenía invertidos en bolsa, él dice que perdió hasta el bigote y que por eso se lo pinta.

Siempre he admirado a Groucho Marx porque es un actor que hace de sí mismo, él era como el personaje de sus películas en la vida real, se ha escrito mucho sobre los hermanos Marx y este artículo podría ser larguísimo, eso sí, la pregunta que nos hacemos todos ¿Harpo era mudo de verdad?, pues no lo era, y la que siempre le preguntaban a Groucho en sus entrevistas ¿Por qué Harpo no habla? Groucho cuenta que en la semana antes de la Navidad de 1.915, en una ciudad del medio oeste, un empresario, Jack Wells, les estuvo tocando las narices hasta el punto que le pagó su salario de 112 dólares y medio en monedas de penique, metidas en cuatro grandes sacas de tela. Lograron subirlas en el tren en el que se iban de la ciudad y después se asomaron a la plataforma trasera del último vagón. Mientras la ciudad se difuminaba en el horizonte, Harpo gritó “Adiós señor Wells, espero que su asqueroso teatro arda entero” Groucho remata: “A la mañana siguiente descubrimos que el teatro había ardido hasta quedar reducido a cenizas. A partir de entonces decidimos no dejar hablar a Harpo, su charla era demasiado peligrosa”.

Desde esta página, mi humilde homenaje al cómico más inigualable de la historia.

Proceso.

Dedicado a mi primo Miguelito, gran admirador e imitador de Groucho, y a mi amigo Rafa, al que el camarote de los hermanos Marx le sirve de ejemplo en sus clases en la universidad.